

Buenas noches a todos y todas. ¿Cómo ha ido ese viernes? Espero que la mayoría no me podáis contestar hasta mañana, será señal de que habéis salido un ratito a tomaros unos caracoles¡¡¡ La noche lo reclama. Yo creo que me voy a quedar en casa, mi salida del viernes noches la gasté ayer jueves…, me lo pasé como los «chichos». Cuando vivía en Madrid salir los jueves por la noche era lo más……..¡¡¡que buenos ratitos¡¡¡
Presentemos la noche del viernes…….VIERNES¡¡¡¡ En el periódico de hoy venía una noticia muy interesante, «»Tres trucos para leer un mensaje de WhatsApp sin que lo sepa quién te lo envió»». A mi por lo menos me ha paresido muy interesanta, aunque solo sea por comparación con el resto, ¡¡no había ninguna noticia que valiese realmente la pena¡¡. Bueno, os voy a poner un poco en situación con el tema de WhatsApp. Imaginarse que notas la vibración del móvil, te indica que acabas de recibir un mensaje. Confiado, pueril como eres, lo abres… y es del típico amigo pesado (muy pesado, pesadísimo) que hay en todas las pandillas. Sabes que si respondes entrarás en una interminable conversación de horas, y no te apetece nada. Pero ya ha visto que le has leído con el infame «doble check azul». Es tarde… Toca contestar. Maldito destino. ¿No sería posible eludir esa confirmación del diablo? ¿Cómo eliminar esa molestia para tener algo de intimidad habiendo leído los mensajes de tus contactos? Pues tenemos que desactivar la confirmación de lectura para evitar que ese maldito «doble check azul» te delate. Es tan sencillo como acudir a la pestaña de «Ajustes de WhatsApp», pinchar posteriormente en «Cuenta», «Privacidad» y, finalmente, desactiva la opción «Confirmación de lectura». Eso sí, tienes que tener en cuenta que este «truco» impedirá que tú sepas si tu interlocutor ha leído o no tus mensajes. Así que ya sabes, elige sabiamente. Hay otros dos turcos, pero creo que se necesita ser Ingeniero en Telecomunicaciones como mínimo para poder utilizarlos, qué lío¡¡¡¡¡¡¡¡¡
En fin, esta noche os quiero hablar de una película que en su momento fue muy importante para mí. Se llama «El secreto de mi éxito (1987)», de Michael J. Fox. Era yo un crio cuand ví la pelicula por primera vez, y trata de un joven de Kansas que acaba de licenciarse, ha soñado siempre con triunfar en Nueva York, pero pronto descubre que los empleos, al igual que las chicas, son difíciles de conseguir. Va a visitar a un tío suyo multimillonario, pero sólo consigue un trabajo como mensajero en la oficina postal de su empresa. Allí conoce a una ejecutiva mona monísima, guapa guapísima y, para conquistarla, se hace pasar por un ejecutivo. No os voy a desvelar el resto de la película por si tenéis oportunidad de verla. Me dejó tan marcado que en ese momento, siendo un niño, tomé varias decisiones importantes. La primera, tenía claro que quería ser ejecutivo y llegar a New York para trabajar. Eso con mucho esfuerzo y años lo conseguí, lo de ejecutivo me refiero, New York la conozco de visita, pero si he trabajado durante un montón de años en el centro financiero de Madrid (creo que ya os lo conté, sino me lo decís y os lo cuento otro día). Lo segundo era casarme con la mujer de mis sueños, como en la película, y eso también lo conseguí, ¿verdad cariño? (por si me está leyendo jejejejej), aunque no se si ella piensa lo mismo de mi jejejeje¡¡¡¡. Y la tercera era consequir ese «pedazo de zapatillas de deporte» que llevaba Michael J. Fox en la película, alucinantes. Cuando en España lo más que teníamos eran las zapatillas marca «Tórtola», o los más afortunados unas «Paredes», o si alguien tiraba la casa por la ventana y conseguía unas «Yumas», yo quería aquellas maravillosas «Reebok». Para poder conseguirlas ideé un super plan (de niño claro¡¡¡), pero como mi madre me decía «….tienes la cabeza más dura que un marmolillo…..», a cabezón no me ganaba nadie, me puese manos a la obra. Os recuerdo que a principios de los ochenta internet no existía, lo tenéis claro ¿no?, pues me fui al internet de la época, la biblioteca que estaba debajo de mi casa. Buceé por todas las revistas que pude localizar, y me costó un buen rato encontrar una especializada en baloncesto, porque yo creía que aquellas zapatillas tan guais tenían que ser de baloncesto. Efectivamente, eran de baloncesto, y milagrosamente había publicidad de esa marca tan rara que había visto en la película. Había un número de teléfono de Madrid donde vendían esas zapatillas…., ¿y qué hice? Pues que en la primera oportunidad que pude quedarme solo en casa, llamé al número de teléfono que aparecía en la revista. Me atendó un chaval la mar de simpático, y cuando le dije lo que estaba buscando….. ¡¡¡Eureca¡¡¡, que las tenán¡¡¡¡, que sabían qué modelo era¡¡¡¡. También sabían el precio, y cuando yo lo supe, portes incluidos, me iba a dar un ataque….

¿Creéis que lo dejé? De eso nada, don erre que erre, o sea, yo, decidí buscar trabajo con 12 o 13 años. Llegaron las vacaciones de verano y mi primo Mariano, mejor dicho, mi hermano Mariano (eso es otra historia que os contaré algún día), trabajaba en la oficina de seguros de la familia (ya sabéis de dónde viene mi profesión¡¡¡¡¡), y tuve la suerte que se partió un pie jejejejejeje¡¡¡¡¡. Como buen autónomo que era y es, no podía dejar la oficina, trabajaba con la escayola puesta, ¿y quién creéis que se conviertió, como en la película de sus sueños, en el chico de los recados para todo? Pues efectivamente, aquí el mister¡¡¡¡¡ Cerramos un buen suelgo de 20 duros diarios y me puse a ir de aquí para allá por mi Antequera querida. De repente me dí cuenta que el verano se acababa, mi primo recuperó su movilidad, ya no me necesitaba y a mí me quedaba aún mucho dinero que reunír…….
Descubrí la palabra préstamo pasando por la Caja de Ahorros de Antequera, en la misma sucursal en la que años depués empecé a trabajar, lo que son las cosas¡¡¡¡…, y pedí mi primer préstamo siendo un niño…., a la Caja no claro, a mi primo Mariano, comprometíandome en volver a trabajar para él en la oficina el verano siguiente….., se lo pensó y…., ¡¡¡firmé mi primer prestamo jejejejejeje¡¡¡¡.
Al poco tiempo recibí por correo y contra reembolso mis tan deseadas zapatillas de deporte, convirtiéndome en la envidia del colegio….. ¡¡¡¡Que felicidad¡¡¡¡
¿Entendéis ahora de donde viene mi dicho «sí se puede»? Pues claro que se puede, si yo siendo un mocoso conseguí las zapatillas de mis sueños, ¿porqué no cualquiera puede conseguir lo que se propote? Pues claro que síiiiii, síiiii se puede…….
Bueno, chicos y chicas, llegó el fin de semana, el lunes próximo más…, no olvidéis darle un beso enorme a la persona que tenéis a vuestro lado antes de iros a dormir, y ya sabéis, si no tenéis a nadie, pues podéis mandadmelo a mi, os lo devolveré «contra reembolso» jejejejejej.
No dejéis de escribirme, un besote enorme a todos…….
P.D. Sigo sin repasar los extos, perdonad las faltas de ortografía……