

Adorable baby girl isolated on a over white background
Buenas noches a todos. Os escribo desde el sillón de mi «salita de estar», mi Paraiso personal, y escuchando música de Michael Buble (os lo recomiendo), preparándome para disfrutar de una estupenda noche con todos vosotros.
Hoy estoy animado¡¡¡¡¡ Suelo estarlo, pero hoy estoy especialmente contento. Siempre me han gustado los jueves… En la época de la facultar salir los jueves era «lo más» y cuando vivía en Madrid salir un jueves era lo mejor del mundo. Saludo desde aquí a mi amigo Josemari, de Madrid, con el que he compartido muchos jueves de parranda y tantas mañanas de viernes arrepintiéndome de todo lo hecho¡¡¡¡¡
¿De verdad valoramos la memoria como es debido? Pues como todo en esta mundo seguramente no la valoramos hasta…, que se pierde¡¡¡¡ Traer a tu memoria un recuerdo como el que acabo de compartir con vosotros resulta fácil, la mayoría no tenemos problemas, o acordarse del nombre de una calle o una persona, pues eso, resulta fácil hasta que deja de resultarlo.
Una de las consecuencias de la dichosa enfermedad por la que he pasado se llama Anomia y es el trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas o a las personas por su nombre. Pues esta divertida patología (creo que está bien expresado así) es una de la consecuencias de mi lesión en la cabecita. La mayoría del problema lo he solucionado con una extraordinaria Neurosicóloga de Sevilla, Dra. Olga Prián, con la que he trabajado durante meses hasta que como digo, la hemos casi solucionado. Pero aún así a veces, no siempre, me cuesta mucho llamar a las cosas por su nombre y menos mal que existen los supermercados, porque si tuviéramos que ir a la tiendo como cuando éramos niños tendría que decirle al tendero…, dame un «deso» y un «de aquello» porque no hay forma de llamar a las cosas por su nombre.
A colación con esta «enfermedad», os voy a contar la anécdota que me ocurrió hace aproximadamente un mes en Madrid. Alicia y yo, es decir, mi santa esposa y yo, subimos a Madrid a asuntos de trabajo y pernoctamos en un hotel
. Yo llegué antes que Alicia a la recepción para registrarnos y el chico de la recepción reconoció enseguida mi magnífico acento andaluz, y me dijo que era de un pueblo muy cerquita del mío, de Ronda…, pues eso, le facilité mi NIF y no aparecía la reserva por ningún sitio, y entonces recordé que posiblemente estuviera
puesta a nombre de mi mujer. El rondeño muy amablemente me preguntó cómo se llamaba mi mujer, y yo contesté Alicia uuuuuuuuuuuu, Alicia uuuuuuuuuuuuu, y volví a repetir Alicia uuuuuuuuuu (no había forma de que me saliera el apellido de mi mujer), y él mismo me dijo Alicia uuuuuuuuu no, Alicia Hiiiiiiiiiiii, y yo cerré los ojos para concentrarme y poder decir al final….. Alicia Hiiiiiiiiiiiiiiidalgo. En ese momento me miró con una sonrisa que no comprendí hasta que me dijo.., aquí tiene Sr. Marquez, las llaves de su habitación y su «acompañante» Alicia Hiiiiiiiidalgo. Oiga que es mi mujer¡¡¡¡¡ Si sí, me contestó, su mujer Alicia Hiiiiiiiiiidalgo y se reía una y otra vez…. Total que al final pasé la noche con mi mujer y para el recepcionista había estado con cualquiera menos con ella….
Anécdota que he bautizado como «cómo ponerle los cuernos a tu mujer con tu propia mujer».
No todo es malo.., las cosas debemos tomárnosla siempre por la parte menos agria, de esta forma nosotros mismos nos endulzaremos un poquito más la vida. Y ya me he acostumbrado a ir por el pueblo llamando a todos los hombres «chavalotes» y a las chicas «reinas», porque no hay forma de que me acuerde de un nombre¡¡¡¡¡¡¡¡ (guardarme el secreto porfa).
Mañana quiero contaros más cositas, entre ellas porqué no saludo mucho cuando voy por la calle ¿será porque veo menos que un gato yeso?
Buenas noches a todos y no olvidéis de darle un beso a las persona que tenéis a vuestro lado y si no tenéis a quién dárselo me lo mandáis a mí, lo recepcionaré todos gustosamente….
Hasta mañana si Dios quiere¡¡¡¡¡¡¡