

Muy buenas tardes a todos y todas ¿qué tal ha ido el día?¿Habéis tenido la oportunidad de ir un ratito a la Feria de Sevilla? Pues a todos aquellos que hayáis tenido la suerte de ir un ratito, pues felicidades, y quiero que sepáis que tengo UNA ENVIDIA INSANA ENORME¡¡¡¡¡¡¡¡ Y para aquellos que no hayáis ido, pues consolaros como yo…., no es para tanto jejejeje¡¡¡¡¡
Ayer os anticipaba que hoy quería tratar un tema muy importante para mí, el cómo se le dice a alguien que un problema no tiene solución ¿creéis que es fácil? Pues depende, como todo en esta vida….
Me habéis escuchado decir cientos de veces que «a un problema, una solución», pero cuando un problema no la tiene, es importante y además tienes que transmitirlo, de cómo hacerlo, de cómo transmitir el que no hay solución no hablaba para nada el profesor de la facultar que me enseñó tan importante doctrina.
«Cuando un problema tiene solución ¿para qué preocuparse?, y cuando no la tiene ¿para qué preocuparse?», fue la segunda norma que aprendía después de la de «a un problema una……», pero el «problema» que os voy a contar ahora y que no tuvo «solución» ningún profesor me enseñó nada en todos los años de estudio a lo largo de mi vida.
Mi padre luchó contra viento y marea, contra un grave problema en su vida, un tumor malo malote, malísimo, con muy mala «leche» que se lo llevó después de hacerlo sufrir durante más de un año, con muchísimas tandas de sesiones de quimioterapia que lo agotaron poco a poco. De esa quimioterapia, para aquellos que habéis tenido la desgracia de conocerla, de las que las bolsa van protegidas, azules o rojas, por papel de «orillo» porque ni la luz las puede tocar……
Después de cada una de las tandas de tratamiento esperaba, como el reo que espera la absolución de su condena de muerte, que el médico le dijera que estaba curado. Pero la carta de libertad nunca llegó, siempre se le negaban, y un día me tocó decírselo a mi.
Después del último tratamiento de quimio, cuando ya prácticamente no podía levantarse de la cama, fui junto a mí Tío Ito a recoger los resultados de las pruebas y a hablar con el oncólogo. Ese día me dieron la noticia más dolorosa que nunca me había dado y que nadie nunca tendría que dar….. No había solución. Cuando llegué a los pies de su cama de mi padre (Papá, te quiero) estaba como dormido, me puse de rodillas delante de él y no pude hacerlo, no pude decírselo, solo podía llorar ¿cómo te lo digo Papá? Pero fue él quién me consoló a mí, «no llores Nacho» decía, cogiéndome las manos y besándomelas, «no llores».
Ese día me clavaron dos navajas en el pecho, una en el «cuartucho» donde el oncólogo me dijo que mi padre no tenía solución, y la otra cuando se lo dije y no pude hacer nadas para consolarlo. Ya las llevaré siempre conmigo………
En fin chicos y chicas, si algo pude aprender de esta experiencia que nadie tendría que tener nunca a lo largo de su vida, es que no hay facultad, universidad, ni profesor, ni amigo que te enseñe cómo afrontar esta situación en tu vida. Lo haces porque tienes que hacerlo, y ya está¡¡¡¡¡
Familia, mañana más…..
Buenas noches, dadle un beso de buenas noches a la persona que tenéis a vuestro lado antes de iros a dormir y si no tenéis a nadie, pues eso, que me lo mandéis a mi, prometo devolverlos.
No dejéis de mandarme vuestras impresiones y tatatá, tatatá tatatá,
Buenas noches a todos